La Presidenta de la Nación Argentina debería evaluar la posibilidad de contratar a Fernando De La Rúa como asesor. El asesoramiento se resumiría en una sola regla: hay sitios profundos en el bolsillo de la gente que no se pueden tocar. Si se tocan, la música de las cacerolas comenzará a sonar.Además de contratar a "Chupete", la Sra. Presidenta debería también contar con un buen asesor en comunicación. ¿Cómo puede ser que uno de los sectores productivos más importantes del País realiza un paro total y la Presidenta recién responde a los 13 días? ¿Dos semanas de paro para pensar qué decir? Góndolas vacías, pequeños productores sacrificándose y nada qué decir. Realmente nada que decir. ¿Es sana esta estrategia? Indudablemente no. ¿Es efectiva? No lo creo.
En este escenario la competencia y confrontación ideológica, política y económica se convierte en última instancia en una competencia comunicacional. Dos voces principales, la del gobierno y la del “campo”, pujan, con argumentos trabajados, por el apoyo de la “opinión pública” u opinión de las mayorías e independientes.
¿Se puede dar el lujo, uno de los actores, de esperar 13 días para argumentar su posición colocando en escena el vocero que hace a la ocasión? ¿Le conviene tener actores a favor que posean una dañada reputación y baja credibilidad como lo son sectores gremialistas actuales o piqueteros? No es lo que los manuales de la comunicación y las Relaciones Públicas indican.
No seguir el manual, igualmente, viene siendo una regla efectiva para el oficialismo argentino. Ni una conferencia de prensa, monetarización de las relaciones con los medios, no respuesta ante crisis institucionales como lo fueron valijas con billetes, bolsas de plata en baños y hasta el aburrido capítulo de ceremonial y protocolo del libro se la saltearon jugando con el bastón de mando para quedar amistosos. Hasta ahora esa estrategia fue relativamente efectiva. Hasta ahora.

La cosecha de enemigos de Néstor finalizó. La estrategia de confrontación que mostró a un Jefe de estado capaz de enfrentar a quien pueda perjudicar al pueblo ha servido, pero terminó. Ahora, en tiempos de Cristina, han crecido estos enemigos y están dispuestos a defenderse y a generar estrategias efectivas para conquistar a los “indecisos”. Este es el público a cautivar. El público abierto, flexible, no ortodoxo y no dogmático que, así como está dispuesto a aceptar e incluso a apoyar las medidas positivas del gobierno, no está dispuesto a tolerar formas autoritarias, soberbias y cerradas al diálogo.
No está, por lo menos por ahora, en discusión el modelo para este gran público devenido en juez. Apoya probablemente la existencia de retenciones (no confiscaciones), apoya probablemente el dólar competitivo, apoya probablemente la idea de la distribución equitativa de la riqueza. Lo que no apoya es la forma y algunas otras cuestiones no menores de alta gravedad, como las sospechas de corrupción, que no viene al caso analizar en este momento.
En esta batalla o desafío comunicacional, el campo está un paso adelante. Aprovechó la inercia del gobierno y la tardanza en responder para instalar sus mensajes. Y no solo lo lograró. Logró, con esa instalación, movilizar a la gente: la Plaza de Mayo se llenó. Las plazas provinciales también. La movilización fue gigante y probablemente continúe.
Los minutos pasan y las voces que más se escuchan son contrarias a la actitud del gobierno. Los mensajes del sector del “campo” han copado las esfera pública y ya influyen en los comportamientos. La desmembrada oposición ha tomado posición también. Algunos más oportunistamente que otros. Algunos con alta responsabilidad pidiendo paz y actuando para intentar garantizarla. Algunos con más chances de ser tomados en serio que otros. Pero todos apuntando a debilidades de este gobierno.
Volvamos a demarcar al público clave de este conflicto. No se trata de “campo oligarca” versus “industria chupasangre”, “peronistas demagogos” contra “nefastos gorilas”, “guerrilleros asesinos” contra “militares genocidas”, intervencionistas versus liberales o “ricos avaros” contra “pobres ignorantes”.
Muchos intentarán plantearlo así. Pero no es así, ni debe serlo. La paz social, el diálogo, la concordia nacional y la unidad argentina deben ser cuestiones a mantener en alto y a partir de allí buscar la toma de posición de aquellos que no la han tomado.
Las dicotomías han perjudicado demasiado ya a este país. Las discusiones entre sordos nos han desmembrado en muchas oportunidades. Esto no debe suceder. Comunicacionalmente, escuché esta tendencia en algunos analistas, “gobierno versus campo” pareciera mutar en “peronismo y antiperonismo” nuevamente.
Pero no nos engañemos: Kirchner no es Perón. Y no vamos a juzgar aquí los defectos y virtudes de ambos dirigentes, sino remarcar que, el principal sector que debe constantemente esclarecer las aristas de esta comparación y saltear la trampa dicotómica, es la gente que se opone al gobierno. ¿Por qué? Porque Perón es uno de los pocos que posee la lealtad casi eterna de amplios sectores humildes de la población. La comparación Kirchner-Perón le sienta bien al primero y acompaña su estrategia de fortalecimiento de su nuevo aparato electoral: el Partido Justicialista.
El manotazo de ahogado del envío o aparición de anoche de las "tropas" de D´Elia a la plaza para despejarla y modificar las imágenes que hace horas estaban en los canales de televisión, entrando a los hogares y mentes de miles de argentinos, refleja la precariedad y debilidad de la estrategia. También su peligrosidad. Los mismos sectores que Perón critica en la Plaza de Mayo, calificándolos como “estúpidos e imberbes”, hoy vuelven a esa misma plaza para echar al “campo” que, inteligentemente, no se deja reprimir, retirándose antes de nada.
Este zapping de D´Elia, que toma por unos segundos el control remoto y cambia de canal sacando las imágenes de una gran, federal y pacífica movilización, no son la salida al problema. La telenovela tiene ya rating propio y los televidentes quieren saber cómo termina y hasta probablemente en algún momento tomen el teléfono y elijan “quién se va de la casa”.
¿Qué puede hacer el gobierno para revertir esto sin salir importantemente debilitado del conflicto? El discurso de la Presidenta dejó poco o ningún espacio para el diálogo y la negociación. Probablemente nunca se imaginó semejante movilización. Probablemente no sabía que estaba cometiendo uno de los peores errores político-comunicacionales de su gobierno y del gobierno de su marido.
Probablemente tenga que, de ahora en más, modificar su tono comunicacional. ¿Cómo? No solo mirando encuestas, sino practicando las tres reglas de una comunicación efectiva: escuchar, escuchar y escuchar (y no solo cacerolazos).